Está preparado el pueblo de E.U. para elegir a un afroamericano como su Presidente? A medio siglo del fin de la segregación y de la lucha por los derechos civiles, la candidatura de Barack Obama plantea la posibilidad de averiguarlo.
Barack Obama no había nacido cuando dos hombres blancos mataron a Emmett Till, en 1955. Pero la historia de este niño de 14 años, golpeado y asesinado en un pueblo rural de Mississippi por haberle silbado a una mujer blanca, surge como un referente inquietante ahora que, por primera vez, un candidato afroamericano tiene la posibilidad real de disputar el asiento de la Oficina Oval.
Emmet Till provenía de Chicago, Illinois, la ciudad en la que medio siglo después triunfó Obama. Las fotos que quedan del joven en vida lo muestran como un adolescente sonriente y apuesto, imposible de reconocer en el deformado cuerpo que fue hallado sumergido en el río Tallahatchie. Sus asesinos, que fueron plenamente identificados, nunca vieron el interior de una cárcel, a pesar de que en 1956, en una entrevista con la revista Look, describieron con lujo de detalles la golpiza que ejecutaron para "darle una lección al negro de Chicago".
El asesinato de Emmett Till, así como la resistencia de Rosa Parks y el activismo y posterior magnicidio del reverendo Martin Luther King, dieron forma al movimiento por los derechos civiles en E.U., del que muchos ven en la candidatura de Obama el triunfo más resonante.
Pero no todos los observadores son tan entusiastas y algunos preguntan: ¿Le bastan 53 años a un país como Estados Unidos para pasar del linchamiento y la discriminación racial a la elección de quien podría ser su primer presidente no blanco?
Esa es la pregunta que la candidatura de Obama podría responder, aunque para hacerlo deba someter al electorado estadounidense a una prueba de carácter.
El país de los guiones
A lo largo de la contienda demócrata por la nominación, la participación de Obama fue resaltada como una muestra de igualdad. Pero las cifras sugieren otra cosa: Barack Obama es el único afroamericano en el Senado de E.U. y el tercero desde el fin de la Guerra Civil, en 1865. En la Cámara de Representantes la situación es más halagüeña, con 42 representantes afroamericanos, incluido el primer musulmán que llega al Congreso de E.U. (Keith Ellison).
Eso no basta para convencer a analistas como Jeremy Levitt, decano asociado de Programas Internacionales en la Florida A&M University College of Law: "La supremacía blanca y el racismo expresados a través de la esclavitud y la segregación legal sirvieron como pilares sobre los cuales se estableció E.U. Hablamos de un país muy joven e inmaduro, que está a generaciones de lograr verdadero progreso en asuntos raciales".
Y agregó: "Muchos americanos son demasiado inseguros para discutir abiertamente temas raciales y tienen una especie de miedo primordial de ser dirigidos por un hombre afroamericano. Creo que ese miedo y esa inseguridad son la manifestación de una culpa inconsciente y multigeneracional que está conectada con el trato brutal que este país les dio a los afroamericanos por más de 400 años".
El analista internacional Isaac Biggio, del boletín electrónico Análisis Global: "De todos los países americanos, E.U. es quizás el que más recientes tradiciones segregacionistas ha tenido. Aún allí es legal el Ku Klux Klan y la bandera de la Confederación esclavista suele verse en muchas partes. Hasta hace no mucho los afroamericanos no podían ir a ciertos lugares en diversas localidades. Muchos estadounidenses no querrán votar por alguien de color".
Sin embargo, aclaró que no es posible desconocer que las posibilidades de que Obama se convierta en el primer hijo de africano en gobernar una potencia o una república de la América continental son reales.
Eso mismo cree Eduardo Gamarra, director de la firma consultora Newlink Research, en Miami. Gamarra, de origen boliviano, asegura: "Vivo en E.U. hace 32 años y soy suficientemente viejo para recordar la lucha por los derechos civiles y lo que era este país. Estaba básicamente dividido entre negros y blancos. Cuando yo llegué al país todavía se les decía 'negros', y después se potenció el concepto de black, del que pasamos al americano con el guión de en medio, el afro-americano. Era un país en donde era imposible pensar en que un negro iba a ser candidato importante. Pero hoy tenemos lo que muchos consideran una sociedad 'post-racial'. Tenemos colombo-americanos, cubano-americanos, italo-americanos... es el país de los guiones. En ese país, la sociedad aún tiene grandes divisiones, pero las consideraciones de raza ya no son tan importantes como antes".
Ese no es el tema
La cuestión de la raza de Barack Obama está ineludiblemente ligada a la percepción de los analistas sobre su éxito en el proceso de nominación demócrata. Hasta ahora, se ha visto beneficiado por la percepción de ser el underdog, el no favorito. Sus detractores aseguran que su imagen se basa más en una cuidadosa campaña publicitaria y de manejo de medios que en un estudio concienzudo de su hoja de vida. Jeremy Levitt va más allá y apunta que el éxito de Obama se debe, precisamente, a que no ha jugado con demasiada fuerza la carta racial.
"Él se ha distanciado de la política de raza en su campaña y así ha logrado convencer a un gran número de votantes blancos. Si tomara una postura muy pro-afroamericana en su campaña, nunca sería elegido", afirma Levitt.
Las cifras de las primarias parecen respaldar esta afirmación, toda vez que muestran que los votantes que respaldaron a Obama son mayoritariamente blancos.
En esto coincide Gamarra, quien dice: "Una gran parte de los votantes de Obama son jóvenes que no lo ven como un individuo negro, sino como un candidato más que se parece al conjunto de ciudadanos de Estados Unidos y que representa a un país multirracial y multicultural".
Levitt agrega: "Obama seguirá recibiendo un apoyo blanco sin precedentes mientras no les recuerde a los blancos americanos su pasado racista, lo que se asemeja mucho a expedirles una especie de amnistía racial".
Los retos de la lucha política para los afroamericanos en un entorno predominantemente blanco no son extraños para el representante a la Cámara por Georgia John Robert Lewis. Lewis ha sido elegido once veces para el Congreso, adonde llegó en 1987. A través de su oficina, Lewis -quien tiene 68 años, apenas un año más que la edad que tendría, de seguir con vida, Emmet Till- le manifestó a EL TIEMPO: "E.U. está listo para elegir a un afroamericano como Presidente, pero eso no significa que la cuestión racial sea cosa del pasado. Hay asuntos de raza que han sido superados, pero no todos; y creer que un solo logro político puede resolver todos los problemas que existen en materia racial no es realista".
"Pero por otro lado -agregó- es el pueblo estadounidense el que a menudo ha tomado el primer paso. Fueron los ciudadanos los que pelearon por los derechos civiles, los que derribaron la segregación, los que pusieron fin a la guerra de Vietnam... y es la gente la que decide si quiere un cambio en la dirección de este país".
De todas formas, desde el momento en que Obama ganó la candidatura del partido democráta hasta que se defina quién llegará a la Casa Blanca, sea o no tema de campaña, el color de la piel de este político y su ascendencia estarán sobre la mesa - tácita o explícitamente- y su preponderancia se verá en las urnas.
Hollywood se adelantó
El hito que los afroamericanos buscan lograr en las urnas este noviembre tiene varios precedentes en la ficción. En las producciones de Hollywood para cine y televisión ha habido, al menos, media docena de presidentes negros, que van de lo sobrio a lo estridente.
El pionero fue Douglas Dillman, en The Man (1972). Basada en la novela de Irving Wallace, la cinta narraba la historia de un senador negro -interpretado por James Earl Jones-que, debido a una serie de hechos trágicos, asume la presidencia de manera temporal. La historia rozaba en su momento la ciencia ficción, y probablemente no sea coincidencia que su guión haya sido escrito por Rod Serling, el creador de La Dimensión Desconocida.
Pasaron más de 25 años sin que otro presidente negro llegara a la pantalla grande, hasta que en 1998 Deep Impact (Impacto profundo) mostró a Morgan Freeman como Tom Beck, el mandatario estadounidense que debe hacer frente al inminente colapso de un cometa contra la Tierra.
Tres años después sería la televisión -con la serie 24- la que pondría a un afroamericano a dirigir los destinos de E.U. en la figura de David Palmer, interpretado por Dennos Haysbert. Un hecho significativo en la trama es que, aunque la primera temporada lo presenta como el primer candidato negro con opciones reales de alcanzar la Presidencia, una vez elegido el tema de la raza no jugó un papel destacado en la historia. Sin embargo, el presidente Palmer tuvo un trágico fin, al ser asesinado al comienzo de la quinta temporada. En su reemplazo, asumió su hermano Wayne.
En el 2003, el comediante Chris Rock encarnó a Mays William en la comedia Head of State (2003). La película proponía la llegada de un senador de color a la contienda presidencial bajo el slogan: 'Lo único blanco es la Casa'.