viernes, 15 de febrero de 2008

La respuesta democratica en Estados Unidos es una nueva vision?

No es muy convincente el optimismo de quienes ven victoriosa la fórmula Clinton-Obama u Obama-Clinton


Los candidatos demócratas  iniciaron sus campañas hablando de cambio: cambio en las políticas de Estado y cambio en la estructura de los servicios, aunque sin precisar en detalle el procedimiento para lograrlo. De esta manera la distancia con el gobierno de Bush estaba lograda y de algunas decisiones de ellos mismos en relación con los proyectos de iniciativa oficial votados por ambos partidos en el Congreso.

 

Por primera vez en algo mas de dos siglos de historia democrática, un negro y una mujer tienen probabilidades de ser presidentes. Se le atribuye a ese hecho una nueva visión de amplios sectores de la sociedad norteamericana respecto de las razas y los géneros, y se le interpreta, también, como un fenómeno exclusivo del Partido Demócrata, explicado con argumentos  en las universidades, y en todos los medios de prensa.


El americano común y corriente, republicano o demócrata, pero tradicionalista, es dificil que se identifique con esa nueva visión por seductoras que sean las propuestas de Hillary Clinton y Barack Obama en los debates, las entrevistas,  los foros con la juventud y los diálogos con los sindicatos. 

Duda que se reforzó  en las elecciones primarias, las cuales han reflejado una mayor vocación de unidad en las filas de McCain que en la de los democratas.

¿Entendería el gringo común y corriente, con confianza en su instinto democrático, que un viraje en los programas de gobierno es compatible con un cambio de mentalidad para escoger a su líder, el presidente, saliéndose de los moldes del machismo y la discriminación? ¿Votarán disciplinadamente los hombres y mujeres que dicen haber superado los prejuicios y tabúes que en la conducta social de los blancos  le servían de plataforma a la exclusión?



No es muy convincente el optimismo de quienes ven victoriosa la fórmula Clinton-Obama u Obama-Clinton como fin del proceso electoral de las primarias, entre otras cosas porque los demócratas del sur se sentirían desconocidos, sueltos de representación en el gobierno futuro, y McCain es sureño, republicano, moderado, blanco, héroe de guerra y varón, con un pensamiento conservador que no enlaza con la nueva visión en que basan algunos la popularidad del negro y la mujer que disputarían con él el inquilinato de la Casa Blanca. 



Convencería aquel optimismo si supiéramos, a ciencia cierta, que la recesión económica, la guerra contra el terrorismo y las reformas a la seguridad social pueden más, en la voluntad de los norteamericanos reacios a que algo deje de ser lo que es, que su antipatía o su miedo a que les transformen el patio como si no hubiera otro remedio. 

La edad de los candidatos podría determinar, en cambio, el voto mayoritario. McCain asumiría a los 72 años, si gana; la señora Clinton a los 61, y Obama a los 47. Una distancia cronológica que el gringo no descuidaría en un país que los republicanos vuelven a entregar quebrado y en conflicto con otros países. De modo que, allí sí, con la fórmula Clinton-Obama o al revés, por joven que sea la formula de McCain, la personalidad y el pensamiento del escogido no serían tan relevantes como la personalidad y el pensamiento de sus rivales al momento de garantizar la continuidad de sus planes.

Lo ideal es que la drástica contrapartida del desastre de Bush coincida con la alborada de la nueva visión.

miércoles, 6 de febrero de 2008

El Super Martes

A proposito del Super Martes, los candidatos en E.U. que adoptaron posiciones más extremas contra indocumentados no encontraron respaldo

Mi mamá, creo yo, lo habría interpretado como un gesto de la divina Providencia. Yo espero haberle encontrado una explicación menos espiritual, a la que hasta ahora es la mayor revelación de las elecciones primarias del 2008 en Estados Unidos: la inmigración, legal o ilegal, no ha sido el tema central en la mente de los votantes.

En un extraordinario ejemplo de Darwinismo político, los candidatos que adoptaron las posiciones más extremas contra los indocumentados han abandonado la contienda al no encontrar respaldo público a sus plataformas.

De los contendientes viables a la nominación republicana, sólo Mitt Romney se opone a ofrecerles a los 12 millones de trabajadores indocumentados que ya viven y trabajan en el país una vía para legalizarse; sugiere que habría que deportarlos, y ha dicho que castigaría a las ciudades que les ofrezcan santuario.

En el panorama nacional, los tres candidatos que mayor moderación han mostrado al referirse al tema de la inmigración siguen en la contienda.

Entre los republicanos, John McCain, el senador por Arizona que lleva por lo menos seis años abogando por una reforma de la ley de inmigración que permita la legalización de los indocumentados y un programa de trabajadores huéspedes se perfila como el candidato que contenderá por la presidencia en noviembre. En el partido demócrata, la lucha por la nominación se ha reducido a dos candidatos, Hillary Clinton y Barack Obama, cuyas propuestas son favorables a los indocumentados y muy semejantes. Los tres, sin embargo, votaron a favor de la construcción del muro en la frontera sur y los tres proponen sanciones contra los empleadores que contraten indocumentados.

La evolución positiva de la carrera hacia la nominación presidencial no debería, sin embargo, dejar la falsa impresión de que el tema de la inmigración ilegal ha dejado de ser un tema controvertido e importante en la agenda nacional.

Aun para quienes entienden que quienes emigran a Estados Unidos por razones económicas no representan un peligro de seguridad nacional, el hecho de que haya más de 12 millones de personas viviendo en el país sin los documentos migratorios pertinentes es altamente preocupante y ni Clinton ni Obama ni McCain minimizan el asunto.

La diferencia entre ellos y el resto de los candidatos es que los primeros quieren resolver el asunto de manera racional. Considerando el giro que ha dado la campaña presidencial hacia el centro del espectro político, todo indica que la guerra en Irak, la reactivación de la economía, la reforma integral al sistema del cuidado de la salud, la protección del medio ambiente y la procuración de nuevas fuentes de energía serán los temas centrales de la recta final. Temas todos importantes pero que, al igual que con la inmigración, por sí solos ninguno será factor decisivo.

Respecto a la escogencia del presidente, las opciones para el 2008 me parecen tan fascinantes como impredecibles en tanto que los candidatos podrían ser una mujer, un afroamericano o un hombre blanco que, a los 72 años de edad, sería el presidente más viejo en la historia del país.

Una vez contabilizado el predecible voto partidario (los republicanos votarán por el candidato de su partido y los demócratas por el suyo), estoy convencido de que la decisión final recaerá en los indecisos y estos votarán por el individuo de su preferencia, independientemente de su raza, género o edad.